ENFERMEDADES FEBRILES ERUPTIVAS
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ENFERMEDADES FEBRILES ERUPTIVAS

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Estas son mas conocidas como EFES
Enfermedades Eruptivas


Sarampión en los niños.

¿Qué es el sarampión?
El sarampión es una enfermedad viral severa que se trasmite de persona a persona muy fácilmente y puede producir epidemias. Antes de que la vacuna existiera, > 90% de niños se infectaban de sarampión. En el momento actual, la enfermedad es infrecuente.


¿Cómo se trasmite?
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas. El virus se trasmite a través del aire o por el contacto directo con descargas nasales o de la garganta de alguien infectado. Una persona puede transmitir la enfermedad desde momentos antes del inicio de la fiebre hasta cerca de 4 días después de aparecer la erupción. El sarampión confiere inmunidad (sólo se puede tener una vez en la vida).


¿Cuáles son los síntomas?
Suelen aparecer en dos etapas.
* En la primera etapa, aparecen fiebre, nariz que moquea, ojos rojos y tos.
* En la segunda etapa (tercer a séptimo día) aparece una erupción roja que comienza en la cara y se extiende por el cuerpo entero. Se pueden ver también en las encías y el interior de las mejillas unos puntitos blancos, llamados manchas de Koplik.

Los síntomas comienzan generalmente en el plazo de 7 a 18 días después de la exposición, con un promedio de 10 días. La erupción aparece a los 14 días de la exposición.

¿Tiene complicaciones?
Pueden ocurrir en un porcentaje pequeño de casos complicaciones como neumonía, diarrea y encefalitis (infección del cerebro). El sarampión es más severo en niños mayores y adolescentes.
Como se trata?
No hay tratamiento específico para el sarampión.

¿Cómo se previene?
La inmunización de todos los niños ayuda a la prevención. Se recomiendan para todos los niños dos dosis de vacuna del sarampión.
La vacuna del sarampión se administra junto a la de paperas y rubeola (vacuna triple vírica), la primera dosis a los 12- meses de edad y la segunda dosis cuando el niño comienza la enseñanza básica.

Resumen: Enfermedad vírica aguda, sumamente contagiosa, con síntomas prodrómicos de fiebre, conjuntivitis, coriza, tos y manchas de Koplik, en la mucosa bucal. Entre el tercero y el séptimo día, aparece una erupción característica, con manchas rojas parduscas, que comienza en la cara y después se generaliza, dura de cuatro a siete días y a veces termina en coloración furfurácea. La leucopenia es común. La enfermedad es más grave en los lactantes y en los adultos que en los niños. Las complicaciones pueden ser consecuencia de la réplica vírica o de una superinfección bacteriana, e incluyen otitis media, neumonía, diarrea y encefalitis. En los países desarrollados, rara vez el enfermo muere por sarampión no complicado, y las defunciones se observan más bien en los niños menores de 5 años, por neumonía y, a veces, por encefalitis. El sarampión es una enfermedad más grave entre los niños de muy corta edad y en los desnutridos, en los que puede asociarse con erupciones hemorrágicas, enteropatía con pérdida de proteínas, úlceras bucales, deshidratación, diarrea, ceguera e infecciones cutáneas graves; la tasa de letalidad puede ser del 5 al 10% o más. Se ha corroborado la muerte a corto y a largo plazo en los lasctantes y en los niños. En los niños cuya nutrición es apenas suficiente, el sarampión a menudo desencadena kwashiorkor agudo y exacerba la carencia de vitamina A, lo cual culmina en ceguera. En muy raras ocasiones aparece panencefalitis esclerosante subaguda (en promedio 1 caso por 100 000), años después del sarampión, como una secuela tardía; más del 50% de las personas con panencefalitis tuvieron sarampión en los primeros 2 años de la vida.

En las personas a quienes se les aplicó la vacuna de virus inactivados (antes de 1968 en los Estados Unidos), la infección con el virus natural puede ocasionar manifestaciones atípicas graves, como neumonía, derrame pleural, edema periférico y una erupción cutánea atípica con predilección por las extremidades y parecida a la de la fiebre maculosa de las Montañas Rocosas.

El diagnóstico suele basarse en datos clínicos y epidemiológicos; puede confirmarse por la presencia de anticuerpos IgM específicos contra el sarampión o un aumento significativo de las concentraciones de anticuerpos entre el suero obtenido en la fase aguda y en la de convalecencia.

Las técnicas menos utilizadas incluyen la identificación del antígeno vírico en material obtenido por escobilladura de la mucosa nasofaríngea, empleando la técnica de anticuerpos fluorescentes, o el aislamiento del virus en cultivo celular de muestras de sangre, conjuntiva, nasofaringe u orina obtenidas antes del tercer día de la erupción.



RUBEOLA

La Rubéola es una enfermedad infecciosa transmisible, de evolución generalmente benigna cuyos efectos mas deletéreos se pueden producir en el feto si la infección ocurre durante el primero trimestre del embarazo.

¿CÓMO SE TRANSMITE?
El reservorio de esta enfermedad es el ser humano. La infección se transmite por contacto directo con los enfermos, a través de gotitas o secreciones de las vías nasales y de la faringe.

El período de incubación de la enfermedad es de 14 a 23 días y se puede transmitir una semana antes del período de erupción y, por lo menos, cuatro días después que éste empiece. Dado que no siempre se presentan síntomas, es posible que una persona aparentemente sana transmita el virus.

Los lactantes con Rubéola Congénita expulsan grandes cantidades de virus en las secreciones faríngeas y en la orina y son una importante fuente de infección para sus contactos.

La infección subclínica o inaparente es una forma de presentación de la infección (25-50%)

¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS?
En los adultos, la enfermedad generalmente comienza con fiebre leve, dolor de cabeza, malestar general y, a veces, conjuntivitis y romadizo. Los niños, en cambio, habitualmente presentan pocos síntomas generales o bien no los muestran.

Aproximadamente al 5º día de iniciados esos síntomas, aparecen pequeñas y finas manchas rosadas difusas que pueden confundirse con sarampión o escarlatina. Se inician en la cara y, después de un día, se generalizan a todo el cuerpo, manteniéndose durante alrededor de tres días.


El signo más característico de la enfermedad se presenta antes de la erupción, como ganglios hinchados detrás de la orejas y en la zona del cuello. En mujeres adultas se produce a menudo dolor o inflamación de articulaciones.

Cerca de la mitad de las personas infectadas no presentan síntomas clínicos ni erupción manifiesta.

¿CÓMO SE PREVIENE?
En 1990 se introdujo la vacuna contra la Rubéola en el esquema de vacunación obligatorio chileno. Esta vacuna, llamada Tresvírica (contra Rubéola, Sarampión y Parotiditis), se aplica al año de edad y se refuerza durante el 1er. año de Educación Básica con una vacuna Bivírica (contra Sarampión y Rubéola).

Esta medida produjo, entre 1990 y 1996, un importante descenso en los casos de Rubéola. Sin embargo, a contar de 1997 se comenzaron a observar brotes en las zonas extremas del país, que afectan principalmente a adolescentes y adultos jóvenes, grupos que no alcanzaron a recibir la vacuna.

En poblaciones adultas se observa, en cambio, el fenómeno de inmunidad activa, adquirida por haber contraído la enfermedad durante la niñez. Esta inmunidad frecuentemente dura toda la vida.


¿POR QUÉ ES IMPORTANTE CONTROLAR LA RUBÉOLA?
El control de la Rubéola es importante ya que, si afecta a la mujer embarazada durante el primer trimestre de gestación, existe entre un 80% y un 90% de probabilidad de que el feto nazca con una malformación congénita, que puede hacerse evidente al momento de nacer o luego de 2 o más años. También puede producirse aborto espontáneo o muerte intrauterina.

El riesgo desciende a un 10% aproximadamente, si la embarazada se infecta en la semana 16; y es raro que se produzcan malformaciones si la infección se produce después de la semana 20.

Este cuadro, conocido como Síndrome de Rubéola Congénita (SRC), puede ocasionar una o más anomalías en el niño, como sordera, ceguera, malformaciones cardíacas y retraso mental, entre otras.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA LA RUBÉOLA?
Es muy fácil confundir la rubéola con el sarampión o la escarlatina. Por esta razón, para obtener un diagnóstico claro se deben tomar muestras de secreciones de la faringe o de sangre, para confirmación de la enfermedad a través de estudios de laboratorio. Es importante tomar las muestras lo antes posible, especialmente en los casos de mujeres embarazadas.


LOGROS CAMPAÑA VACUNACIÓN ANTI-RUBÉOLA AÑO 1999
En el año 1999, se llevó a cabo una Campaña Nacional de Vacunación contra la Rubéola en mujeres de 10 a 29 años,.Durante los últimos años en nuestro país se observó un cambio en la situación epidemiológica de la Rubéola.

Hasta la introducción de la vacuna en 1990, la rubéola afectada básicamente a los niños menores de 10 años, quienes gradualmente comenzaron a dejar de ser afectados. Sin embargo, en 1997 se incrementó en distintas regiones del país y comenzó a afectar a adolescentes y adultos jóvenes, existiendo por tanto el riesgo de que nacieran niños con Síndrome de Rubéola Congénita (SRC).

La segunda fase aún está en marcha y busca vacunar al 100% de las mujeres que por estar embarazadas no pudieron ser vacunadas durante la primera fase de la campaña. Por lo tanto, el trabajo continuará hasta lograr la inmunización de todas las mujeres entre 10 y 29 años del país.

Eso permitirá también evitar que los niños que nazcan en el futuro estén expuestos a una enfermedad que provoca grandes daños, como es el Síndrome de Rubéola Congénita.



Varicela como hacerla mas llevadera.


No es grave; a veces ni siquiera produce fiebre, pero ocasiona una picazón tan intensa que resulta una enfermedad que molesta mucho para quienes la padecen.

Es, como la rubéola o el sarampión, una enfermedad exantemática pero, a diferencia de éstas (en las que la vacunación es universal), muy pocos chicos se libran de sus molestias secuelas.

Antes de la incorporación de la mujer al trabajo y la escolarización masiva de los más chiquitos, lo habitual era que los niños no entraran en contacto con el virus varicela zóster hasta los cinco años. Ahora, no es raro que el chico sufra su desagradable visita ya en el primer año de vida.

Esta enfermedad es muy frecuente y, además, resulta altamente contagiosa.

Los síntomas
La madre (o el padre) desnuda al niño por la mañana, por la noche o en otro momento, y encuentra en su cuerpo una o dos manchas. Así es como se descubre en la mayoría de los casos la varicela.

Pero, si la manera de manifestarse es muy similar en todos los niños, en los síntomas puede haber grandes diferencias. Algunos pacientes presentan fiebre elevada (hasta 40º), otros sólo moderada y hay pequeños que ni siquiera llegan a tener unas décimas. Según la bibliografía médica, pueden aflorar más de 500 lesiones en el cuerpo del afectado, aunque la mayoría de los chicos tiene unas 350. No obstante, a los médicos llegan con mucha frecuencia pacientes que no presentan más que 10 ó 12 diseminadas por todo el cuerpo.

Además, mientras algunos ni siquiera llegan a sentirse cansados o molestos, otros se encuentran muy abatidos. Los pequeños que sufren un trastorno de la piel como, por ejemplo, dermatitis atópica o un eccema, suelen pasarlo bastante mal.

Las prendas holgadas, con mangas largas, ayudan a que el niño no se rasque.

Las primeras señales de varicela aparecen en la espalda. Después el tronco, la cara y el cuero cabelludo quedarán salpicados de manchas y, más tarde, los brazos y piernas. Cuando la enfermedad se manifiesta con toda su virulencia, hay lesiones hasta en los espacios interdigitales. También las mucosas bucales y la garganta pueden afectarse. En esta zona las lesiones son bastante dolorosas.



Las lesiones, ¿Qué aspecto tienen?


En la varicela se dan varios tipos a la vez: máculo-pápulas, vesículas y costras. Al principio, aparecen unas manchas rojizas, pero se convertirán enseguida en vesículas. Estas tienen el tamaño de la cabeza de un alfiler y presentan un círculo rojo alrededor. Su piel es tan fina que se rompe sólo con tocarla. Entonces es cuando hacen acto de presencia las costras. Mientras algunas lesiones completan su círculo de evolución, continuarán surgiendo otras nuevas. No producen dolor, pero sí una picazón intensa, muy molesta para el paciente.

Un solo virus y dos enfermedades
El germen varicela zóster pertenece al grupo de los virus de herpes. Una vez que se sufre esta enfermedad, el organismo quedará inmunizado para siempre. Sin embargo, es posible que el virus quede en el organismo. Se acantona en las células nerviosas, cerca de la columna vertebral, y puede permanecer sin dar señales de su presencia durante muchos años.
En algunos casos no siempre, vuelve a activarse en la edad adulta, originando un herpes zóster. Esta es la razón por la que una persona mayor que esté sufriendo un herpes zóster puede contagiar a un niño de varicela.

Para la mayoría de los chicos, esta enfermedad es más o menos molesta, pero siempre benigna. Es cierto que pueden producirse complicaciones como otitis, neumonía, infección renal o incluso otros trastornos más graves, pero esta posibilidad es rara.

Los médicos recomiendan que los chicos permanezcan en casa hasta que todas las lesiones se conviertan en costras, momento en que es imposible el contagio. Conviene que estén aislados para evitar que entren en contacto con una gestante o una mujer que espera un hijo sin saberlo todavía, o con un pequeño inmunodeprimido.

El virus varicela zóster se transmite directamente del enfermo, pero también puede quedar suspendido en el aire. Se supone que una corriente ascendente es capaz de elevarlo a través de las fachadas de las casas o de escaleras a una altura de diez metros. Lo que sí se conoce a ciencia cierta es que el aire acondicionado puede transportarlo de una habitación a otra. Dado su alto grado de contagio, cuando un chico es internado en un hospital por algún otro mal y enferma de varicela, rápidamente se lo aísla en la zona de enfermos infecciosos que existe en todos los centros hospitalarios. Es muy importante impedir el contagio a otros enfermos no inmunizados contra este virus.

Lo peor de esta enfermedad es el prurito. Factores como el calor lo incrementan. El agua lo atenúa.

* Algunos chicos están cargados de lesiones; en otros, en cambio, éstas se pueden contar y apenas superan la decena. Lo peor, en cualquier caso, es el prurito que producen vesículas y costras.

* En la farmacia se pueden adquirir lociones especiales y pomadas de zinc, pero no es aconsejable usarlas si el pediatra no las ha recomendado (algunos especialistas no tienen mucha confianza en estos remedios). El talco está contraindicado.

* El calor favorece la proliferación de las lesiones. El chico se sentirá mejor si se lo viste con una ropa liviana y holgada, y si mantenemos una temperatura ambiental suave.

* Lo aliviarán los baños en agua tibia sola o con una infusión de manzanilla (se dice que también es útil añadir un poco de bicarbonato). Pero no conviene abusar del agua, porque puede resecar la piel y aumentar la picazón.

* Lo realmente eficaz cuando la picazón es muy intensa son los antihistamínicos de administración oral.



Evitar la Infección


Es muy importante adoptar ciertas medidas higiénicas para evitar que las lesiones lleguen a infectarse:

* El niño tendrá las uñas cortas y las manos limpias (conviene lavarlas a menudo). Además, se deben cambiar con frecuencia los pañales, si todavía los utiliza.

* A los más grandecitos se les puede explicar que los rascarse perjudica y el motivo. Cuando son pequeños y no lo comprenden, lo mejor es echar mano de algún truco que impida que sus manos entren en contacto directo con la piel. Por ejemplo, ponerles unos guantes o, sencillamente, ropa de mangas tan largas que les cubra las manos.

Talvez, lo mas importante es que existe vacuna para evitar esta afección y todas las molestias que acarrea, consulte con su pediatra. Se puede vacunar a partir del año de edad, es una sola dosis, tiene su costo pero siempre menor a los provocados por la enfermedad, en el caso de los adolescentes se recomiendan dos dosis con un intervalos de un mes entre cada una.

Ud. debe consultar con su pediatra...



La roséola : una eruptiva mas
De la noche a la mañana nuestro pequeño se llena de manchitas. Está claro que estamos frente a una enfermedad eruptiva. Pero, ¿sabemos distinguir cuál es...?


De pronto, su hijo amanece cubierto de manchitas cutáneas, que no desaparecen cuando la presiona con los dedos. Evidentemente, estás ante una de las típicas enfermedades eruptivas de la infancia. Sarampión, rubéola, varicela, escarlatina... En este caso vamos a tratar de la roséola, una eruptiva de la que se habla poco, casi desconocida, confundida con otras parecidas y, sin embargo, muy frecuente. Podemos incluso afirmar que es la enfermedad. eruptiva mas frecuente que pueden padecer los niños en los tres primeros años de vida y mas específicamente entre los seis y los dieciocho meses.

Como todas las enfermedades eruptivas, se presenta preferentemente en otoño, al final del invierno y, sobre todo, en primavera. Se cree que es causada por un virus, aunque nunca se ha llegado a aislar al supuesto virus responsable. Se contagia fácilmente de un niño a otro, o a través de los familiares del pequeño.

Los síntomas.
El niño se encuentra muy bien de salud y un día, después de que hayan pasado entre siete y diecisiete días después del contagio, empieza a presentar una fiebre muy alta, de 39º o 40º. A pesar de la elevada temperatura, el pequeño no pierde el apetito, sino que come normalmente, continúa con ganas de jugar, y la verdad es que no tiene mal aspecto.

En realidad, no parece que esté padeciendo una enfermedad, aunque en algunos momentos febriles se encuentre más inquieto, intranquilo o somnoliento. Cuando el médico lo examina; encuentra la faringe enrojecida y en los ganglios de la parte posterior de la cabeza puede observar una pequeña inflamación.

Después de tres o cuatro días de fiebre, ésta baja bruscamente y aparece un exantema (manchas cutáneas) repentino. Por eso, a la roséola también se la conoce como exantema súbito o fiebre de los tres días. Estas manchitas son de color rosa pálido, de 1 a 5 mm., localizadas con más intensidad en el cuello y el tronco. Son manchas minúsculas, llamadas a veces la alfombrilla, que desaparecen a los dos o tres días.

Estas manchas se parecen tanto a las de otras eruptivas infantiles, que muchas madres se confunden y creen que su pequeño tiene rubéola, sarampión o alguna de las otras más comunes. Sin embargo, la roséola tiene una característica distintiva que nos ayuda a diferenciarla: las manchas surgen cuando baja la fiebre, mientras que en el resto, de las eruptivas, éstas salen cuando la fiebre está en su apogeo.


El tratamiento.
Está es una enfermedad vírica y, por lo tanto, no tiene tratamiento. De todos modos, es tan benigna que tampoco lo requiere. La única posibilidad es que se complique y dé lugar a convulsiones febriles. Pero no debemos alarmarnos, ya que éstas sólo se dan ocasionalmente y en niños propensos a ellas. De cualquier modo, no debemos bajar la guardia y vigilar al niño atentamente por si aparecen otros síntomas. Si la fiebre dura más de cuatro días, si el pequeño se ve muy afectado, o si los síntomas típicos de la roséola están acompañados de vómitos, diarrea o tos, consulta al pediatra.

Por lo general, bastará con tratar de aliviar a nuestro pequeño enfermito con antitérmicos para bajar la temperatura. Los antibióticos no serán necesarios, pues resultan ineficaces en las infecciones eruptivas. Si es importante mantener al niño alejado de otros niños de menos de tres años (durante una semana desde que brota el salpullido), para evitar que se contagien, ya que no existe ninguna vacuna.

Y como último consejo, darle un baño de agua tibia y muchos mimos. En un abrir y cerrar de ojos estará curado.

La fiebre de los tres días
Este afección llamado roséola, ha recibido también el apodo de fiebre de los tres días, pues la fiebre sube de pronto y se mantiene exactamente durante tres días. Afortunadamente, es una enfermedad benigna que no afecta seriamente el estado del niño y que le permite seguir jugando con normalidad. Sólo harán falta antitérmicos durante esos días febriles, ya que no es eficaz ningún medicamento, ni siquiera antibióticos.



Escarlatina

La escarlatina es una enfermedad infectocontagiosa y constituye una de las formas clínicas de la infección por el estreptococo beta hemolítico del grupo A.
La puerta de entrada del estreptococo, generalmente, es respiratoria, localizándose en la faringe desde donde invade los tejidos y ganglios linfáticos regionales. Produce tres tipos de toxinas responsables de las manifestaciones clínicas de esta enfermedad, por lo que puede padecerse en tres oportunidades. Estas toxinas desencadenan una reacción de hipersensibilidad responsable del cuadro clínico.

La Escarlatina se distingue por la aparición de una erupción cutánea a menudo luego de la infección faríngea.

El período de incubación es de entre 2 y 5 días aproximadamente.

La forma de contagio es la de contacto persona a persona, a través de las secreciones respiratorias
Generalmente se presenta en forma brusca, luego de un período de incubación de uno a seis días, con fiebre (superior a los 38 grados centígrados), sudación, escalofríos, náuseas y vómitos, dificultad o dolor al tragar, dolores de cabeza, cansancio y compromiso del estado general. Por la presencia del dolor abdominal y de los vómito se le ha llamado también " angina que vomita". La faringe se encuentra congestiva y con múltiples manchas de color y características variables, acompañadas de afección de los ganglios regionales (aumentados de tamaño y dolorosos).
Posteriormente, aparecen machas rojizas en la piel, ligeramente sobreelevadas (exantema escarlatiforme), que comienzan en el cuello y rápidamente se generalizan al resto del cuerpo en las siguientes 24 horas. En ocasiones se palpa más de lo que se ve y su aspecto y textura se compara a piel de gallina de color rojo (como cuando se toma sol).


La piel alrededor de los ojos y la nariz se encuentra respetada. Luego de 48 horas el exantema comienza a involucionar y a los 7 - 10 días aparece una fina descamación sobre la misma., tanto en cara como en manos (palma y dedos)
Es característica la formación de una capa blanca sobre la lengua que. luego de unos días cae dejando la lengua con una apariencia que se ha denominado aframbuesada por su color rojo brillante y la prominencia de las papilas.

Diagnóstico
El diagnóstico se basa en los datos clínicos (edad, contactos, historia clínica y examen físico) y en estudios de laboratorio como son los Exudados de Fauces con Cultivo y las Pruebas de detección rápida del Estreptococo en garganta.
Las pruebas rápidas son efectivas pero SIEMPRE requieren del Cultivo de garganta para confirmar el diagnóstico.
Los resultados de los cultivos tardan unas 48 horas.

Tratamiento
El estreptococo es sensible a diversos antibióticos, pero las penicilinas siguen siendo los de elección, excepto en aquellas personas alérgicas a la misma. Aún cuando el tratamiento se inicie en forma tardía (noveno día de evolución) puede prevenirse la aparición de complicaciones serias, como la fiebre reumática.

El de elección es la Penicilina por vía oral durante 10 días, existiendo también otros antibióticos que son muy efectivos, pero que se dejan para casos especiales (recuerde que actualmente existe un aumento importante de la resistencia bacteriana a los antibióticos por su uso indiscriminado).

Si su hijo presenta un cuadro de Escarlatina o una Faringoamigadalitis el Pediatra según las posibilidades solicitará Test Rápido para detección de Estreptococo B Hemolítico y Exudado de garganta con Cultivo.
Una vez tomada dichas muestras queda en manos del profesional la indicación del antibiótico o la espera de los resultados de las pruebas.


En ciertos casos por falta de infraestructura no es posible solicitar las pruebas antes mencionadas y el profesional recurriendo a la clínica está habilitado a medicar o no dichos cuadros.
Es importante respetar y cumplir con la medicación antibiótica indicada ya que así se evitan complicaciones a futuro como por ejemplo la Fiebre Reumática (afectación cardiaca, de piel, neurológica, etc) o la Glomerulonefritis Postestreptocóccica (afectación renal) producidas por el Estreptococo.
La Escarlatina y las Faringoamigdalitis pueden mejorar con tratamiento antibiótico en poco tiempo (1 a 2 días) pero la mejoría no significa que usted como padre deba suspender en forma prematura la medicación.
Es habitual encontrar niños con complicaciones por no cumplimiento del tratamiento antibiótico de 10 días de duración (mínimo 7 días).

Si su hijo presenta un cuadro diagnosticado de Escarlatina cumpla con las indicaciones médicas, no baje la guardia.
La Escarlatina puede repetirse 3 (tres) veces en la vida ya que son 3 las toxinas del Estreptococo que pueden producirla (A;B;C).
El niño puede regresar a la escuela a las 48 horas de iniciado el tratamiento antibiótico ya que luego de dicho período, con medicación adecuada no contagia (lógicamente con un niño ya afebril y sin otros signos como vómitos y dolor abdominal).
Los niños alérgicos a la penicilina recibirán antibióticos de alternativa.

 
SARANPION RUBEOLA VARICELA
Definición: Enf. viral que afecta al tracto respiratorio, altamente contagioso y febril Enf. viral capaz de provocar defectos congénitos en niños. Enf. Viral benigno pruriginoso de evolución rápida.
Etiología: Virus del sarampión. Virus de la rubéola. Virus Varicela Zoster.
Factores de riesgo: -Hacinamiento.
-Contacto con paciente.
-Niño no vacunado. -Hacinamiento.
-Contacto con paciente.
-Niño no vacunado. -Falta de higiene.
-Contacto con paciente.
-Hacinamiento.
Periodo de Incubación: De 2 a 14 días De 14 a 21 días De 14 a 21 días
Complicaciones: -Bronconeumonía.
-Otitis media-
-Estomatitis.
-Encefalitis POS NATAL: Encefalitis, artritis, púrpura.
CONGENITA: Mal formaciones.
-Infección Bacteriana.
-Encefalitis.
-Herpes Zoster.
Tratamiento: -Aislamiento.
-Dieta blanda.
-Hidratación.
-Antipiréticos. -Aislamiento.
-Hidratación.
-Antipiréticos -Baño diario.
-Evitar el rascado.
-Antihistamínicos.
-Antipiréticos.
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